lunes, 28 de abril de 2014

Francisco de Goya: El 2 de mayo de 1808.


Esta pintura se trata del 3 de mayo de 1808, cuyo autor es el español Francisco de Goya. Fue pintada en 1814 sobre un lienzo de 268, 5 cm x 347,5 com. Actualmente, esta obra se encuentra expuesta en el Museo del Prado en Madrid.

 Goya es uno de los mayores creadores de todos los tiempos. A prendió el oficio en Zaragoza y en 1770 viajó a Italia, donde estudió a los maestros italianos y adquirió la estética neoclásica. Más tarde, tras su regreso a España, se convirtió en el retratista más renombrado de la corte y Carlos IV, lo nombró pintor de cámara. 
Con la posición de Goya durante la Guerra de la Independencia, supuso que perdiese sus privilegios. A continuación, se marchó al exilio a Burdeos dónde murió. 

El contexto que se ve proyectado en esta pintura es el siguiente: Finalizada la guerra de la Independencia en 1813, el regreso a España de Fernando VII se había conocido desde diciembre de ese mismo año, por el tratado de Valençay así como su entrada en Madrid. A pincipios de febrero, la cuestión era inmininte, habiéndosele enviado las condiciones de su vuelta al trono, como jura de la Constitución de 1812, y su llegada a la capital iba a coincidir con la primera conmemoración del alzamiento del pueblo de Madrid contra los franceses del 2 de mayo de 1808. Lo que realmente quiere expresar mediante esta pintura, es la crítica hacia esta situación y hacerles ver a la sociedad lo que realmente está ocurriendo en Madrid.

Goya ha querido representar aquí un episodio de ira popular: el ataque del pueblo madrileño, mal armado, contra el ejército francés. En el centro de la composición, un mameluco, soldado egipcio bajo órdenes francesas, cae muerto del caballo mientras un madrileño continúa apuñalándole y otro hiere mortalmente al caballo. Al fondo, las figuras de los madrileños, con los ojos desorbitados por la rabia, la ira y la indignación acuchillan con sus armas blancas a jinetes y caballos mientras los franceses rechazan el ataque e intentan huir. Es significativo el valor expresivo de sus rostros y de los caballos, cuyo deseo de abandonar el lugar se pone de manifiesto como el miedo de sus ojos. Goya recoge con sus pinceles cómo pudo ser el episodio que encendió la guerra con toda su violencia y su crueldad para manifestar su posición contraria a esos hechos y dar una lección contra la irracionalidad del ser humano, como correspondía a su espíritu ilustrado. La ejecución es totalmente violenta, con rápidas pinceladas y grandes manchas, como si la propia violencia de la acción hubiera invadido al pintor. El colorido es vibrante y permite libertades como la cabeza de un caballo pintada de verde por efecto de la sombra. Pero lo más destacable del cuadro es el movimiento y la expresividad de las figuras, que consiguen un conjunto impactante para el espectador.
Tras los estudios realizados, sabemos que el cuadro se pintó con el título en la parte superior del lienzo, pero fue borrado. Esto nos da a entender que fue pintado como modo de pancarta. 






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